Es una verdadera aberración que España, el país de Europa con más horas de sol al año, esté por detrás de Alemania, UK e Italia en producción y consumo de energía solar.

Más absurdo si cabe, es el hecho de que con burdas falacias y aprovechándose de la ignorancia en materia de energía de una gran parte de la masa social, el lobby eléctrico y el actual gobierno, hayan demonizado la fotovoltaica, inculcando la idea de que la fotovoltaica es una lacra para la economía y los intereses de la mayoría.

Desgraciadamente, el anterior gobierno, presidido por el Sr. Zapatero, seguramente con buenas intenciones, se pasó de frenada con una legislación más orientada a atraer inversión rápidamente – fomentando la especulación – que a reducir la pobreza energética o minimizar el impacto medioambiental fruto del uso indiscriminado de energía proveniente de la quema de combustibles fósiles o de plantas nucleares.

La realidad es que la conciencia social o la sustentabilidad del planeta en el largo plazo, nunca se encontraron entre las razones por las que el anterior gobierno socialista fomentó la fotovoltaica en la primera década de los años 2000. El motivo fue principalmente especulativo.

La historia nos enseña que cuando el motivador principal detrás de la aprobación de una ley tienen un origen especulativo, el resultado suele ser negativo en el medio plazo – véase Burbuja Inmobiliaria – y son siempre los mismos los que acaban pagando los platos rotos. Los ciudadanos.

Se cometieron muchos errores en el pasado…

Seré breve. Los principales errores cometidos por el anterior gobierno en materia de política energética y más concretamente en relación al desarrollo de la fotovoltaica en España, fueron:

1. Error de “Timing”: A principios de los 2000, la tecnología fotovoltaica no contaba con la madurez suficiente en términos de adopción, por lo que sus costes de producción eran demasiado elevados debido a una pobre demanda. Hay ocasiones en las que ser pionero, no representa una ventaja competitiva, sino todo lo contrario.

2. La especulación como principal incentivo: La anterior regulación dejaba la puerta abierta a que, cualquiera que tuviese acceso al capital necesario para montar una planta fotovoltaica, pudiese beneficiarse del pago de primas garantizadas, aunque no tuviese intención de consumir ni un solo kW de energía solar producido en esa planta. Como consecuencia, una gran parte de los que invirtieron en fotovoltaica en los 2000, lo hacían meramente atraídos por los elevados retornos financieros que ofrecía la inversión, y solo unos pocos por la necesidad de ahorrar en la factura de la luz o por respeto al medio ambiente.

3. Ausencia de un plan: Un cambio en política energética como el que España pretendió implantar en los primeros años 2000, requiere, no solo, de un programa de subvenciones y primas que amortigüen el alto coste de la tecnología en una etapa de adopción temprana, sino que también de una serie de acciones conjuntas en otros campos, como la concienciación y la educación de la ciudadanía. Acciones que en ningún caso se llegaron a ejecutar y sin las cuales, cualquier plan se torna, inevitablemente, una quimera.

Y seguimos cometiendo muchos errores…

Y de aquellos barros, vienen estos lodos…

El actual gobierno, presionado por los intereses económicos de las compañías eléctricas – incapaces de anticiparse y reaccionar ante la imparable evolución de las energías renovables y lo que ello representa para sus obsoletas infraestructuras – y sirviéndose de argumentos falaces, como que las renovables le cuestan dinero a todos los ciudadanos para que unos pocos se beneficien, ha tomado el camino fácil, que consiste, no solo en recortar las primas – con la consecuente sensación de inseguridad jurídica generada – sino también en modificar la legislación anterior con el fin de penalizar, alevosamente, la instalación de paneles solares, lo que socava gravemente los intereses de la gran mayoría social.

Quiero enfatizar que la realidad con respecto a la cuantía de la primas a las renovables y su impacto económico para España, es bien distinta, ya que en el largo plazo (40 años) las renovables instaladas generarán ahorros muy superiores (cerca de 50.000 millones € de superávit) al importe total de primas pagadas en el mismo periodo, sin mencionar los beneficios en materia de sustentabilidad, eficiencia energética y la tan necesaria lucha contra el cambio climático.

Pero además, el gobierno actual ha cometido los siguientes errores.

1. Error de “Timing”: Quizás el gobierno anterior se equivoco por exceso, precipitándose al elegir el momento adecuado para incentivar las renovables, pero el actual se equivoca por defecto, ya que ahora NO es el momento de penalizar a la fotovoltaica. Ahora es el momento de promocionar su uso masivo a nivel nacional, y la prueba es que todos los países desarrollados, incluso aquellos que hace 10 años eran escépticos sobre los beneficios y la viabilidad de la fotovoltaica, como es el caso de EEUU, China o India, están apostando claramente por la energía solar, a sabiendas de que, ya no solo se trata de una cuestión económica, sino de una necesidad imperiosa si queremos que el planeta sea un lugar habitable más allá de los próximos 100 años.

2. La especulación como principal incentivo: Presuntamente, el nuevo real decreto de autoconsumo publicado por el Ministerio de Energía, con el Ministro Soria a la cabeza, tiene como principal objetivo proteger los intereses del lobby eléctrico, garantizando sus ingresos en el largo plazo, por tanto, el motivo principal sigue siendo la especulación y el asegurar el enriquecimiento continuado de unos pocos. La legislación actual está, además, claramente orientada a desincentivar y desanimar a aquellos que estén pensando en instalar una planta fotovoltaica para autoconsumo, cuando se debería hacer justo lo contrario.

3. Ausencia de un plan: El actual gobierno, tras 4 años en el poder, sigue sin tener un plan que nos permita explotar los beneficios de una más rápida integración de la energía solar en la política energética nacional. No solo no se ha fomentando el conocimiento y concienciado a la población, lo más grave es que se ha dedicado tiempo y recursos públicos a desinformar a la población, creando un absurdo temor a una tecnología que nos puede ayudar, no solo a ahorrar en la factura de la luz, sino a salvar el planeta de un triste final.

Por tanto y como consecuencia de los errores de unos y otros, se ha llevado a España a una situación completamente irracional, desaprovechando una excelente oportunidad de crear empleo cualificado, además de desarrollar un sector estratégico, en el que tenemos una alta dependencia del exterior, como es el sector energético.

Así pues, uno de los principales reto a los que se enfrentan aquellos que nos gobiernen los próximos 4 años, es ser capaces de cambiar nuestra política energética actual, por una que anteponga los intereses de los ciudadanos a los de los especuladores, sean del tipo que sean.

Y todo ello, sobre la base de un plan de concienciación y educación ciudadana, orientado a la rápida adopción de esta maravillosa tecnología que tantos beneficios aporta, gracias a una fuente de energía gratuita, limpia e inagotable, como es el sol, de la que los españoles disfrutamos más horas que ningún otro país de Europa.